La tapia de los talleres del ferrocarril como telón de fondo de Arca Real

Observa:

Ya en la foto que abre este trabajo se aprecia una muestra de la “barrera” que separa el barrio del “centro”, así como alguna nave de la empresa ferroviaria de este complejo propia de las primeras edificaciones del ferrocarril. En el horizonte vemos un alto edificio que nos sitúa en otra zona distinta de la ciudad: “el centro”, de todos y para todos los vallisoletanos.

Posiblemente, la apertura de las nuevas calles diseñadas en paralelo hizo obligatoria una trasversal adyacente a todas ellas, constituyendo el elemento común que las comunica. La vía surgida de esta planificación fue durante mucho tiempo única en la comunicación entre el este (la barriada) y el suroeste (una de las entradas a la ciudad).

Resultó un paseo cerrado y paralelo a la tapia, el Paseo de Farnesio, con un espacio libre al otro lado, “La Pradera”, que a lo largo del tiempo sería una gran zona de expansión, donde aparecería el Cuartel de Artillería y hoy el Parque de la Paz. Dentro de esta planificación, estaba el denominado “Barrio Tranque”, que lo componen todavía tres calles paralelas entre sí, y cuya travesía nos conducía al límite del barrio, esta Pradera donde se situaban las tapias de las últimas viviendas de la calle Tranque por la parte que da a “La Solana“.

La tapia, la gran barrera urbanística, resistió la acción demoledora de las lluvias y otras inclemencias a base de continuas reconstrucciones en las partes afectadas; el adobe y el tapial dieron paso al enladrillado, ofreciéndonos cambios en al perspectiva: de la heterogeneidad mostrada a través de los ronchones, se pasó en la década de los 70 a la uniformidad del caravista, que hoy se mantiene.

La parte de la tapia que aparece en la foto pertenece a la primera época de la construcción, cuando la parte peatonal de esta vía superaba en gran medida a la calzada. La arboleda de la actual mediana constituía el límite de la zona peatonal, de la que formaba parte la acera de la tapia y un gran espacio baldío que daba a la clásica cuneta antes de la calzada.

En un principio, la tapia era continua, pero fue necesario abrir un acceso en esta zona del Paseo de Farnesio que facilitase el tránsito de aquellos empleados que habían optado por residir en las proximidades del Paseo. La puerta existe. Permite al viandante contemplar hoy la planicie ocupada por edificaciones de distintos estilos, porque fueron levantadas en distintas épocas: son los Talleres Generales de la Compañía del Norte, conocidos en el barrio por “los talleres de Renfe”.

Siguiendo la tapia a lo largo del Paseo de Farmesio, y en dirección a la Carretera de Madrid, aparecen aún hoy los restos de una instalación industrial, una antigua estación de oxígeno líquido que la empresa ferroviaria concedió, de manera extraordinaria, a finales de los años 50 a una factoría subsidiaria para el mejor abastecimiento de los talleres (para soldadura y otros menesteres).

Poco más allá, una edificación militar “de siempre” acaba con la línea de trazado de la tapia y del paseo, donde se encontraba el horno de pan del ejército… (en la actualidad tiene aquí sus instalaciones un taller mecánico).

Conviene saber:

No solo en la toma fotográfica, sino en la realidad, la tapia constituye el elemento predominante desde cualquier vista general que se obtenga de la zona. En todas ellas aparecerá la tapia como elemento común, porque esta valla encierra un espacio de grandes dimensiones y se integró en el paisaje del barrio, de la zona, y las construcciones posteriores fueron absorbidas por la “gran barrera”.

Esta planificación ha ayudado siempre a identificar Las Delicias por dos hechos: en primer lugar, por su proximidad a las instalaciones ferroviarias; en segundo término, por ser considerada un barrio “muy alejado del centro”, cuando mejor sería valorar este espacio de entrada-salida de una ciudad que no se caracteriza por las grandes dimensiones, y en la que la barriada ocupa un extenso espacio que limita con las proximidades del “Campo de Marte”: Puente Colgante, viviendas de Filipinos (muy posteriores), que constituyen un cordón urbano para esta barriada.

De igual modo, esta barrera arquitectónica se puede considerar que trunca la calle Arca Real, una vía de gran recorrido, aunque por otro lado puede que haya influido en su desarrollo comercial, haciendo posible además que fuera una zona de gran tráfico rodado de mercancías procedentes de localidades cercanas a la capital, así como de sus propios vecinos oriundos de esas localidades.

Así pues, entendemos que, a pesar del obstáculo arquitectónico, la “tapia del ferrocarril”, Delicias ha sabido superar el localismo del barrio, en pos del cosmopolitismo del “centro” de la ciudad, el punto neurálgico de la vida de Valladolid.