Sobre la reunión entre representantes del Ayuntamiento de Valladolid y entidades en Delicias (25/06/2018)

Reunión con varias concejalías que tuvieron a bien acercarse por estos lares para nuestra necesaria instrucción, abroncándonos de paso por no mantener, a su cabal entendimiento, un adecuado espíritu optimista ante la realidad del barrio, con lo bonito que está en sus periferias con tanto piso nuevo.

Varias han sido las personas que me han interrogado, entre displicentes –cosas de José– y malhumoradas –así no avanzamos, no ricemos el rizo–, por mi insistencia en atacar el «método Delphi» con que el Ayuntamiento nos ha obsequiado estos últimos meses.

Si fuera político, diría que ya he contestado a esa pregunta y seguiríamos adelante, pero como no tengo muy claro qué es lo que se encuentra adelante –y siempre me acuerdo de la anécdota sobre aquel personaje que quiso lisonjear a Franco con estas palabras (que cito aunque sé que no son textuales): «Antes de su llegada, estábamos al borde de un abismo, pero con él dimos un paso al frente»–, y además no me canso de contestar, voy a tratar de aclarar nuevamente cual era el fondo de la cuestión, siempre desde mi subjetividad, que no tiene por qué ser compartida por nadie.

Así pues, la tesis es que todo esto ha sido un paripé, una absurda (remarco lo de absurda porque no hacía ninguna falta) maniobra para plantear el Consejo Social como algo pedido por las entidades de Delicias.

Pero en fin, vayamos a lo que yo pienso que son los hechos, sin remontarnos más allá de marzo:

  1. Se le pide de nuevo al Ayuntamiento un análisis en profundidad sobre el barrio.
  2. Se solicita la presencia de otras concejalías.
  3. Se reclama una reunión con esas otras concejalías.

¿Respuesta?

  1. Se paralizan las reuniones.
  2. Algún concejal argumenta que nadie le ha invitado a las reuniones, por lo que se le invita.
  3. Se plantea desde el Ayuntamiento una técnica Delphi, que va a hacer la UVA, sobre necesidades de Delicias.
  4. Se avisa a las entidades del barrio para que la rellenen.

No sé si hasta aquí hay algo importante que me haya saltado (luchas de poder e inquinas entre los partidos y personas que forman parte del gobierno municipal aparte, que no entro si salgo).

 

Casi tres meses después…

  1. Se convoca precipitadamente a las entidades a una reunión con la concejala de servicios sociales para hablar del Delphi, sin más orden del día.
  2. Se presentan por sorpresa quienes encabezan otras seis concejalías (incluyendo la de barrio).
  3. En ella, se dice desde la Academia que faltarían respuestas por incorporar, o directamente por mandar, pero que no modificarían nada sustancial (faltan casi la mitad, 9 de 20). Es decir, consideran que de las 53 entidades contactadas, la respuesta final de 11 es suficiente. Así y todo, aunque manifiestan también que el Delphi no sería muy académico si esas respuestas que faltan se incorporan tras el debate, se decide incorporarlas si es que llegan.
  4. Se leen las 12 primeras preguntas con sus respuestas: el método revela severas discrepancias entre los dos modos de evaluación: el puntaje por números y las respuestas verbales. Se alude a que solo el primero era obligatorio (la propia Concejala de Barrio asegura muy ufana que ella no participó en el segundo, pero que está de acuerdo, claro…).
  5. No se leen más. Quedan seis. Entre esas respuestas que sí se han leído figura como único hecho destacado –a pesar de que se incluyen las críticas, pero se minusvaloran argumentando que se deben a que poca gente ha escrito en esa segunda ronda… (¿en qué quedamos, es representativa o no?), incluso aunque se incide en las críticas durante la sesión– la petición de un Consejo Social por parte de las entidades para solucionar los problemas del barrio.
  6. Cuando se cuestiona la eficacia del Delphi para analizar los verdaderos problemas del barrio, se confiesa abiertamente desde la representación de una concejalía que un cuestionario titulado «ANÁLISIS DE LAS NECESIDADES EN DELICIAS» lo que pretendía en realidad era «medir la participación de las entidades» (no sé qué cara se les quedaría a los que llevan el método, y si lo han hecho con honestidad prefiero no ponerme en su lugar; mi propia cara debió mostrar mi profunda estupidez en toda su plenitud, porque al oírlo no supe qué decir).
  7. Sin más, se da por supuesta la petición unánime del Consejo Social, e incluso se trata de poner fechas de manera inmediata. En el colmo del subidón, se cuestiona si a las entidades que no han contestado al Delphi habría que convocarlas o no, y se decide finalmente que sí, claro, aunque hayan sido unas… (vale, esto es de mi cosecha, no se explicitó).
  8. Cuando se mencionan los procesos de diagnóstico y participación actuales en el barrio, aún incipientes, son tres las respuestas:
    1. Se dan lecciones sobre trabajo en red con el consistorio –recordando que a fin de cuentas para eso nos dan subvenciones–, como si lo hubieran inventado ellos: la participación como «representación del asociacionismo» es más vieja que la tos, y más allá de la palabrería barata es esto lo que supone un Consejo Social como el que se propone, de ahí las críticas y el intento de apertura a otros tipos de participación más acordes a los tiempos que corren, en que las entidades no tenemos representatividad mayoritaria de la ciudadanía y esta no sigue los cauces habituales de participación por múltiples razones.
    2. No se pregunta en ningún momento por esos procesos, sino que se remite a que en breve «ya os diré cómo trabajan otros Consejos Sociales y qué comisiones tienen». Menos mal. ¿Verticalismo o simple contingencia histórica que exige hacer comprender la dura realidad a quienes nada entendemos (como nos remarcó varias veces el ser humano que ocupa la Concejalía de Servicios Sociales)?
    3. Se los minusvalora, argumentando que no es lo mismo el trabajo del Ayuntamiento y la UVA que el que podamos hacer nosotros «entre unos y otros y la vecina del cuarto»… Comentarios como estos dejan claro que ni se conoce lo que se hace ni se quiere conocer. Para qué, seguro que sí conoce a mi vecina del cuarto, que no es de fiar…

Conclusiones:

  1. El pretendido método para analizar las necesidades del barrio no era para eso (de ahí mi insistencia en su inconsistencia coyuntural, y perdón por la rima).
  2. La reunión que nos convoca precipitadamente a poner en común las conclusiones del Delphi, se utiliza para otra cosa (ya digo que ni está terminado ni se terminaron de leer las respuestas que ya había, lo que no pareció importar a nadie): la imposición tácita de un Consejo de manera verticalista (eso sí, con promesas de relación igualitaria, en el que todas ponemos fechas, objetivos –realistas, claro, nada de asumir competencias impropias–, aportamos nuestra ilusión y nuestro trabajo: ¿cómo, si ni siquiera saben lo que hacemos ni les ha interesado escucharlo? Pero claro, para eso ya tienen el Delphi).
  3. Nada de esto era necesario, porque si convocan el Consejo hace meses la respuesta hubiera sido la misma: quienes quieren formar parte lo van a hacer; los que no, no. Se han perdido tres meses de trabajo y mucha confianza que se hubieran ganado de venir de frente.
  4. Entonces, ¿por qué lo han hecho? Solo una palabra: control. En vez de escuchar y ofrecer vías de desarrollo a los procesos en marcha, ayuda técnica y/o económica que respetase la autonomía de las entidades participantes, respeto y valoración de una sociedad civil que muestra iniciativa y tiende la mano a la colaboración con las instituciones, muestra de interés en procesos que al final se pretenden desde el barrio y buscan la participación del vecindario de maneras alternativas… en vez de todo ello, un Consejo Social liderado por el Ayuntamiento (palabras bonitas al margen, ya existe un reglamento de los Consejos Sociales que dice quién puede y quién no puede formar parte de ellos, quién los convoca y quién los dirige). Simplemente control de cualquier iniciativa ciudadana. Y lo peor, por un complejo mal entendido de pensar que son la izquierda y que tienen que formar parte de todo este tipo de procesos sociales. Faltaría más.

Ya es triste.

Y, no sé si lamentablemente, uno todavía tiene cierto orgullo de barrio para que le vengan a vacilar en las narices y a amenazar más que veladamente con la retirada de subvenciones (que encima no recibe, para, ahora sí, rizar el rizo).

 

José Manuel de la Fuente Rios

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