Poemas antibélicos II

Como la anterior entrada, los presentes poemas son solo una muestra del inmenso acerbo de escritos cuyo tema es la oposición a la guerra. Algunos son claramente antimilitaristas, otros pacifistas, en una u otra vertiente, y aún alguno supone una reflexión acerca de la violencia organizada o permitida. Es una colección cuyo ánimo es ir creciendo, y seguiremos actualizándola (agradecemos la colaboración para esta entrada de Sol Díez).

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Declaro la guerra

José L. Cabezudo

Declaro la guerra a aquellos

Que desde un ángulo cómodo

O desde un sillón reciten poemas

En pro de la paz.

Declaro la guerra a aquellos

Que creyéndose defensores

De los derechos humanos

Ejercitan la compra-venta de sangre humana

Inhumanamente

Paz no son solo las buenas relaciones

Los protocolos cordiales y lujosos

Paz es el pan repartido.

No solo de pan muere el hombre

Manuel Pacheco

El hombre muere de saberse animal como los perros,

De ser racional y sentirse vivir en su razón

Y saberse condenado a muerte;

De tropezar siempre con la misma piedra

Y al final del camino encontrarse un hoyo para dormir

Su estiércol

El hombre muere de querer alcanzar un cielo color de aire,

De mirar que al espejo de sus días se le quita la piel

Y no encontrar su imagen detrás de los cristales,

De ser un animal racional y vivir de raciones

De amor,

De libertad,

De paz

Y de belleza.

No solo de pan muere el hombre,

El hombre muere de no sentirse vivo.

¿Dicen?

Fernando Pessoa

¿Dicen?

Olvidan.

¿No dicen?

Dijeron.

¿Hacen?

Fatal.

¿No hacen?

Igual.

¡Por qué

Esperar?

Todo es

Soñar.

Pastor del monte, tan lejos de mí con tus ovejas

Fernando Pessoa

Pastor del monte, tan lejos de mí con tus ovejas,

¿qué felicidad es esa que pareces tener, es la tuya o

La mía?

La paz que al verte siento, ¿me pertenece a mí o te

Pertenece?

No, ni a ti ni a mí, pastor.

Solo pertenece a la felicidad y la paz.

Ni tú la tienes, porque no sabes que la tienes,

Ni yo la tengo, porque sé que la tengo.

La paz es paz tan solo, y se derrama sobre nosotros

Como el sol

Que cae sobre tu espalda y te calienta, y tú piensas

Con indiferencia en otra cosa,

Y cae sobre mi cara y me ofusca, y yo solo pienso en

El sol.

Más noches

Jorge Guillén

1

Dentro de un buen silencio muy nocturno

Resalta más la imagen

De aquel horrible ruido a mediodía,

Insolentado tráfico

Veloz y sin cesar… ¿hacia qué nada?

2

El gran silencio pone de relieve

La más visible calma de la noche,

Transición que pretende ser estable

Como si resistiera

Con silencioso cuerpo

Nocturno.

Paz.

3

(…)

La palabra paz

Víctor Heredia

Cuántas veces de mañana

salgo a caminar al campo

y el silbido del arriero

te nombra.

Que haya paz en la Tierra

reza una vieja oración

y yo me pregunto y pregunto

pero no me dan razón.

Es por eso viejo amigo

que un solo favor te pido

alza tu sangre esta noche

ven conmigo, ven conmigo.

Y ayuda a encontrar respuesta

a la paz que se ha perdido

a la paz que se ha perdido

en el mundo de los hombres

como un niño sin saber.

Y cada madre que pase

con un hijo en las entrañas,

sabrá que la paz del mundo

es un viento que acaricia

y que crece en el amor.

Ven conmigo, ven conmigo.

Y por cada hombre que nazca

cada soldado que vuelva

la sonrisa de una novia

la alegría de una madre

en tu pecho cantará.

Ven conmigo, ven conmigo, ven conmigo.

España en paz

Antonio Machado. Baeza, 10 de noviembre de 1914.

En mi rincón moruno, mientras repiquetea

el agua de la siembra bendita en los cristales,

yo pienso en la lejana Europa que pelea,

el fiero norte, envuelto en lluvias otoñales.

Donde combaten galos, ingleses y teutones,

allá en la vieja Flandes y en una tarde fría,

sobre jinetes, carros, infantes y cañones

pondrá la lluvia el velo de su melancolía.

Envolverá la niebla el rojo expolario

-sordina gris al férreo claror del campamento-,

las brumas de la mancha caerán como un sudario

de la flamenca duna sobre el fangal sangriento.

Un césar ha ordenado las tropas de Germania

contra el francés avaro y el triste moscovita,

y osó hostigar la rubia pantera de britania.

medio planeta en armas contra el teutón milita.

¡Señor! La guerra es mala y bárbara;

la guerra odiada por las madres, las almas entigrece;

mientras la guerra pasa, ¿quién sembrará la tierra?

¿quién segará la espiga que junio amarillece?

Albión acecha y caza las quillas en los mares;

Germania arruina templos, moradas y talleres;

la guerra pone un soplo de hielo en los hogares,

y el hambre en los caminos, y el llanto en las mujeres.

Es bárbara la guerra y torpe y regresiva;

¿por qué otra vez a europa esta sangrienta racha

que siega el alma y esta locura acometida?

¿por qué otra vez el hombre de sangre se emborracha?

La guerra nos devuelve las podres y las pestes

del ultramar cristiano; el vértigo de horrores

que trajo Atila a Europa con sus feroces huestes;

las hordas mercenarias, los púnicos rencores;

la guerra nos devuelve los muertos milenarios

de cíclopes, centauros, Heracles y Téseos;

La guerra resucita los sueños cavernarios

del hombre con peludos mammuthes giganteos.

¿Y bien? El mundo en guerra y en paz españa sola.

¡salud, oh buen quijano! Por si este gesto es tuyo,

yo te saludo. ¡salve! Salud, paz española,

si no eres paz cobarde, sino desdén y orgullo.

Si eres desdén y orgullo, valor de ti, si bruñes

en esa paz, valiente, la enmohecida espada,

para tenerla limpia, sin tacha,

cuando empuñes el arma de tu vieja panoplia arrinconada;

si pules y acicalas tus hierros para, un día,

vestir de luz, y erguida: heme aquí, pues, España, en alma y cuerpo,

toda, para una guerra mía,

heme aquí pues, vestida para la propia hazaña, decir, para que diga quien oiga: es voz,

no es eco, el buen manchego habla palabras de cordura;

parece que el hidalgo amojamado y seco entró en razón, y tiene espada a la cintura;

Entonces paz de España, yo te saludo.

Si eres vergüenza humana de esos rencores cabezudos

con que se matan miles de avaros mercaderes,

sobre la madre tierra que los parió desnudos;

si sabes como Europa entera se anegaba en una paz sin alma, en un afán sin vida,

y que una calentura cruel la aniquilaba,

que es hoy la fiebre de esta pelea fraticida;

si sabes que esos pueblos arrojan sus riquezas al mar y al fuego -todos- para sentirse

hermanos un día ante el divino altar de la pobreza,

gabachos y tudescos, latinos y britanos,

entonces, paz de España, también yo te saludo,

y a ti, la España fuerte, si, en esta paz bendita,

en tu desdeño esculpes como sobre un escudo,

dos ojos que avizaron y un ceño que medita.

Tenéis que oírme

Pablo Neruda

YO fui cantando errante,

entre las uvas

de Europa

y bajo el viento,

bajo el viento en el Asia.

Lo mejor de las vidas

y la vida,

la dulzura terrestre,

la paz pura,

fui recogiendo, errante,

recogiendo.

Lo mejor de una tierra

y otra tierra

yo levanté en mi boca

con mi canto:

la libertad del viento,

la paz entre las uvas.

Parecían los hombres

enemigos,

pero la misma noche

los cubría

y era una sola claridad

la que los despertaba:

la claridad del mundo.

Yo entré en las casas cuando

comían en la mesa,

venían de las fábricas,

reían o lloraban.

Todos eran iguales.

Todos tenían ojos

hacia la luz, buscaban

los caminos.

Todos tenían boca,

cantaban

hacia la primavera.

Todos.

Por eso

yo busqué entre las uvas

y el viento

lo mejor de los hombres.

Ahora tenéis que oírme.

Europa y el caracol

Soneto

José Bergamín

Huyendo de la paz marchóse Europa.

Quien, por no darnos crédito a los ojos,

no quiso compartir nuestros enojos

ni con nadar ni con guardar la ropa.

No se movilizará tanta tropa

sino como muestrario de despojos;

para enseñarnos negros, luego rojos,

entre dientes serricas de galorpa.

Hoy fue la paz; mañana será la guerra

yace inerte la más desbaratada

voluntad de vencer que hombre tuviera.

Paz sepulcral enlutará la tierra,

muerta de miedo, de morir matada;

quien no la vio venir no lo creyera.

El nudo

Teodoro Venegas

A veces. Uno quisiera hacerse un nudo

a lo largo del esqueleto único

en la parte más larga, más muda, más blanca,

aquella que se enredó trágicamente

en los cuernos de las Obras!

Y, no puede. ¡No alcanza!

Hácese un nudo. Uno sólo.

Mientras Ellos disparan, rugen, miente, afanan, sudan, luchan, matan.

Negocios, Guerras, Sombras, Negocios, Guerras, Bombas.

Bombas, Bombas, Bombas.

Un solo negocio, grande.

Una sola guerra.

Una sola bomba.

Uno quisiera hacerse el último nudo.

¡Y no alcanza!

Que se callen los cañones

Lupércio Mundim

Que se callen los cañones,

que dispensen los soldados,
porque las batallas son ilusiones
que sólo producen derrotados.
Que la paz siempre predomine
sobre la guerra y la violencia,
que el hombre nunca olvide
donde lleva su impertinencia.
Que los niños puedan jugar
con sus alegrías en sintonía,
que los adultos puedan brindar
a un futuro pleno de armonía.
Que las armas sean destruidas
porque sólo causan muerte y sufrimiento,
que nuevas alianzas sean tejidas
porque de la extinción no hay arrepentimiento.

Alucinación

José Hierro

Amanece. Descalzo he salido a pisar los caminos,

a sentir en la carne desnuda la escarcha.

¡Tanta luz, tanta vida, tan verde cantar de la hierba!

¡Tan feliz creación elevada a la cima más alta!

Siento el tiempo pasar y perderse y tan sólo por fuera de mí se detiene.

Y parece que está el universo encantado, tocado de gracia.

¡Tanta luz, tanta vida, tan frágil silencio!

¡Tantas cosas eternas que mellan al tiempo su trágica espada!

¡Tanta luz, tan abiertos caminos!

¡Tanta vida que evita los siglos y ordena en el día su magia!

Si la flor, si la piedra, si el árbol, si el pájaro;

si su olor, su dureza, su verde jadeo, su vuelo entre el cielo y la rama.

Si todos me deben su vida, si a costa de mí, de mi muerte es posible su vida,

a costa de mí, de mi muerte diaria…

¡Tanta luz, tan remoto latir de la hierba…!

(Descalzo he salido a sentir en la carne desnuda la escarcha).

¡Tanta luz, tan oscura pregunta!

¡Tan oscura y difícil palabra!

¡Tan confuso y difícil buscar, pretender comprender y aceptar,

y parar lo que nunca se para…

Guerra ante mis ojos

Elvira Font

Imágenes descoloridas

hiriendo los ojos.

Son escombros de bombardeos.

Estampas de lluvia silenciosa,

ríos de gente buscan la meta.

Historias carcomidas,

mercado negro.

Mundo de noche,

duermen con los pies enlazados,

estos hombres castigados.

Lunas tras sus ventanas rotas.

Muerte vivida y sentida,

gritos apagados, melodías oscuras.

Serbia lejana

próxima y maltratada.

Paloma de Paz

José González Torices

Que se la encontró un chiquillo

cerca, muy cerca, del mar.

Tenía la pata rota

y en el pico, el olivar.

Iba vestida de blanco

con su corazón de pan.

Venía de cualquier guerra

lejos de su palomar.

El chiquillo la ha curado

con cuatro granos de sal,

con siete besos del aire

y una rosa del rosal.

El chiquillo la ha curado,

por nombre le ha puesto paz.

Mañana, cuando amanezca,

se la dará al general.

Paz, Paz, Paz…

Rafael Alberti

¡Paz, paz, paz! Paz luminosa.

Una vida de armonía

sobre una tierra dichosa.

Paz sin fin, paz verdadera.

Paz que al alba se levante

y a la noche no se muera.

Vendría la Paz

Gloria Fuertes

Si todos los políticos

se hicieran pacifistas

vendría la paz.

Que no vuelva a haber otra guerra,

pero si la hubiera,

¡Que todos los soldados

se declaren en huelga!

La libertad no es tener un buen amo,

sino no tener ninguno.

Mi partido es la Paz.

Yo soy su líder.

No pido votos,

pido botas para los descalzos

-que todavía hay muchos-.

Paz

Manuela Serrano

Paz, estrella

-asustada-

que huye de la ignominia y de la guerra.

Paz, candélica

-titilante-

a punto de extinguirse.

Paz, niña

-abandonada-

en garras de la violencia.

Paz, flor

-pisoteada-

por botas inclementes.

Paz, vaso de cristal

-frágil-

en brindis de manos indecentes.

Paz que buscas refugio:

en ojos de niños dormidos,

en el beso enamorado,

en el regazo de la madre,

en la inmensidad del mar,

en luces del crepúsculo,

en el corazón del bosque,

en florecillas silvestres,

en el brillo de la luna,

en los corazones inquietos en busca de la injusticia,

en los pies de quienes la buscan sin descanso.

Derramar la paz

como aurora de un mundo nuevo,

donde luz, pan y palabra

sean herencia de todos.

Dichosos los pregoneros

de la paz.

Los que la defienden de todas las guerras.

Los que construyen caminos de equidad.

Bienaventurados

los que extienden el blanco mantel de la paz

para celebrar un banquete de gozo

por todos los rincones de la tierra.

Paz aquí y ahora,

Paz preñada de regocijo,

Paz al norte y al sur,

Paz al este y al oeste,

Paz al océano, al río y al manantial,

Paz a selvas y montañas,

Paz al desierto y la estepa,

Paz a los hielos boreales,

Paz a piedras y seres inanimados,

Paz a toda criatura que nada o respira,

Paz a hombres, mujeres, niños, niñas y ancianos,

Paz a los enfermos, a los débiles a los pobres

y a los abandonados.

P

A

Z



José Manuel de la Fuente Rios

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