Huelga decir: 8M y sus contratiempos institucionales

Ayer por la tarde participé en una divertida conversación que recomiendo a cuantas personas aún tengan fe en el ser humano. O quizá no, tampoco vamos a ponernos en plan malvado.

Pero al menos pongámonos en antecedentes, que siempre parece que ayudan a crear misterio.

Imaginemos una convocatoria de huelga, en este caso una huelga feminista para el 8 de marzo, apoyada, entre otras, por asociaciones de estudiantes y de docentes. Añadamos a esto un Instituto de Educación Secundaria, ya que hemos mencionado la educación, y llamémoslo Emilio Ferrari, de Valladolid. Pueden aparecer en nuestra historia unas cuantas estudiantes de diversos Ciclos Superiores de Formación Profesional que se reúnen desde hace unas semanas en los recreos de ciertos días para organizarse y difundir material informativo acerca de la huelga. ¿Todo bien hasta ahora? Pues prosigamos, a ver si desvelamos algún hecho extraño.

El pasado jueves 22 de febrero se decide pedir permiso para colocar unas octavillas donde «nos lo permitan, preferiblemente en un lugar visible, claro». Permiso concedido tras la lectura de las octavillas, que al parecer no debían contener nada más grave que información, y fijación de las mismas en las paredes y columnas del vestíbulo.

–«¿Cuál es el problema, entonces? ¿Es que acaso quieres tomarnos el pelo? ¡O te pones al lío o aquí lo dejo, que tengo cosas importantes que hacer!»

–De acuerdo, yo también entiendo que ahí debería haber terminado todo, pero vamos allá, a ver cómo se desarrollan los acontecimientos posteriores.

En la asamblea del miércoles hay tensión cuando entro (sí, llego tarde); las octavillas han desaparecido, la directora las ha quitado, sin más, y se sugieren varias vías de actuación, hasta que se acuerda la que motiva esta entrada del blog: como habréis adivinado, se decide que para empezar una representación estudiantil hable con la directora. Y aquí comienza lo más florido de la fiesta.

Lamento confesar que no voy a reproducir la escena en su integridad, aunque voy a tratar de condensar todas las perlas con que nos enjoyó.

A la pregunta de por qué había retirado los carteles, nos contestó abierta y efusivamente que para no tener problemas con los de arriba (al principio miré al techo con cara de bobo, lo confieso, porque no podía creer que hubiera contestado eso). Le pedimos que lo repitiera y se mostró abundantemente receptiva a nuestra petición.

Lógicamente, preguntamos que por qué pensaba que iba a tener problemas, y recibimos la inédita información de que nos encontrábamos en un centro educativo.

Yo seguía en Babia. Cosas del sistema educativo, al parecer.

Casi nos dio vergüenza confesar que lo sabíamos, entre otras cosas porque algunas habían escogido este IES porque es el único que oferta el ciclo de «Promoción de la Igualdad de Género» en la ciudad. Lo que pasaba era que no terminábamos de penetrar el misterio que se escondía tras aquellas palabras.

Efectivamente, nos insistió varias veces, y se le notaba tristeza al hablar (cómo está el alumnado…) en que no la entendíamos.

Pero al parecer sí: después de repetirlo otras tantas veces, entró en nuestro magín que tendría problemas porque en un centro educativo no cabe fijar carteles que mencionen las huelgas; no era contra esta huelga, no fuésemos a pensar, es que en el centro, desde que está ella, no se pueden colgar carteles que informen de huelgas. «Igual mañana vienen los de las pensiones, y tampoco les dejo, y es un asunto mu…» Aquí cortó su comunicación de manera abrupta, dejándonos huérfanas de su sabiduría.

Y nosotras pensando que era un derecho constitucional.

En llegando a esta pasión (perdón por la formulación arcaica, todo se pega menos la belleza en este valle de lágrimas), le sugerimos que nos proporcionara alternativas.

Parece ser que hacemos bien en ocupar los recreos, porque no vamos a ir, por ejemplo, al profesor de Formación y Orientación Laboral (FOL) y ocupar su tiempo para hablar de algo tan peregrino como una huelga, que nada tiene que ver con el temario.

Eso sí, fue tan amable de ofrecernos la posibilidad de que los delegados elevasen una petición formal para ver si podíamos ocupar el salón de actos durante un recreo para generar un debate y debatir sobre el tema, «total, no será difícil para que informéis a vuestros compañeros, solo estáis los de primero porque los de segundo están en las practicas». Muy abierto todo.

El caso es que insistimos acerca de los carteles, pues si bien existía la posibilidad de que en principio nos hubieran dejado ponerlos por una falta de entendimiento interna, que errar es humano incluso con la mejor de las intenciones, el problema real no consistía en que nos hubieran dejado y posteriormente los hubieran quitado, sino en que seguían sin permitirnos colocarlos; si nos hubieran impedido colocarlos desde el principio, nos encontraríamos exactamente en el mismo punto que en la actualidad, pero varios días antes y con más tiempo de reacción.

«Solo los oficiales, con sello», afirmó, lo que queda desmentido por la realidad cotidiana, pero en fin, sin duda en breve seremos testigos de una inminente cruzada contra los papeles sin papeles. «No, solo los educativos», afirmó con expresión triunfal. La terca realidad, tan poco sensible para algunas cosas, seguía sin refrendar sus palabras. «Solo los docentes». Aquí la realidad de mi propio cerebro sufrió un cortocircuito.

Finalmente, ante la insistencia de nuestra indigna ignorancia, el cielo se abrió y emitió una Profecía:

«Mañana preguntaré si hay problemas para poner estos carteles». Como toda buena profecía, nos arrebató la palabra dejándonos mudos ante la revelación.

-¿Ha quitado los carteles y llevamos un cuarto de hora dándole vueltas al asunto, y ahora dice que no sabe si se puede o no poner carteles? Vamos, que los ha quitado porque sí.

Reconozco el bajo prosaísmo que brotó de mis labios indignos. Y no fue motivado por lo que dijo, sino por todo lo que calló. ¿No existe la posibilidad de colocar los carteles en el panel del alumnado, o en el del profesorado? ¿En el de la representación estudiantil? ¿Acaso negar a las personas el derecho a la información sobre una huelga oficialmente aprobada por sindicatos de estudiantes y docentes no podría rayar la prevaricación? ¿Quiénes son esos «de arriba» que van a generar problemas por facilitar información sobre un derecho constitucional? ¿La educación no se fundamenta en los valores por todas compartidos y que emanan, al menos en España y entre otras fuentes, de la Constitución? ¿No debería un centro que supuestamente defiende la Igualdad de Género tener una mínima sensibilidad hacia la mitad de la población, más allá de discursos institucionales, y permitir que al menos la gente esté informada de que existen otras formas de defender esa igualdad, para tener la oportunidad de elegir? ¿Es educativo que la máxima autoridad de un centro educativo se escude en que «no quiere problemas»? ¿O es una vergüenza?

Y siendo más prácticas, ¿no hubiera sido una muestra de mínima inteligencia haber empezado por «voy a preguntar» y así habernos dado largas? Total, no le van a contestar por escrito, así que podía habernos dicho lo que hubiera querido, y alargado el tiempo de respuesta.

Y siendo aún más prácticas, ¿por qué no ha dejado las octavillas donde estaban, que al fin y al cabo tampoco hay tanta afición a la lectura en esta nuestra comunidad?

Lo peor de todo es que llevo toda la mañana pasando por centros educativos y en la mayoría he visto, ya desde fuera, carteles mucho más grandes que nuestras octavillas convocando a la huelga…

Pero en fin, no quiero acabar sin ofrecer mis disculpas a quienes, ahora que hemos llegado al final de esta entrada, no hayan encontrado en ella nada de diversión.

José Manuel de la Fuente Rios

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